Historia del Aceite de Oliva: del Mediterráneo a la Mesa Chilena

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Cuando echas un chorrito de aceite sobre tu ensalada, estás repitiendo un gesto que tiene miles de años. Esta es la historia resumida del “oro líquido”.

Los orígenes

El olivo silvestre crecía en la cuenca del Mediterráneo oriental, y hace más de 6.000 años los pueblos de esa zona comenzaron a cultivarlo y a extraer su aceite. Pronto se transformó en alimento, combustible para lámparas, medicina y cosmético.

Fenicios, griegos y romanos

  • Fenicios: navegantes y comerciantes, llevaron el olivo por todo el Mediterráneo.
  • Griegos: el olivo era sagrado. En los juegos antiguos se premiaba a los atletas con coronas de ramas de olivo y ánforas de aceite.
  • Romanos: perfeccionaron las prensas y organizaron el comercio a gran escala. El sur de Hispania, la actual Andalucía, se volvió uno de los grandes productores del imperio.

La llegada a América y a Chile

Con los viajes de los españoles en el siglo XVI, el olivo cruzó el Atlántico. En Chile se adaptó muy bien a los valles del norte y del centro. En el valle de Azapa, en Arica, todavía se cultivan olivos y se produce la famosa aceituna de Azapa, herencia directa de esos tiempos.

El renacer chileno

Durante gran parte del siglo XX el aceite de oliva fue un producto importado y caro. Desde finales de los 90 se plantaron olivares modernos en regiones como Atacama, Coquimbo, Valparaíso, O’Higgins y el Maule, y hoy Chile produce aceites extra virgen reconocidos internacionalmente.

Hoy en tu mesa

Marcas chilenas como Olave, Huasco y Sol de Aculeo continuan esa historia milenaria con aceites frescos, cosechados en nuestro hemisferio. Descubre más en la colección Chile.

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