El aceite de oliva extra virgen es un jugo de fruta, y como tal, es sensible. Si lo guardas bien, se mantiene rico por muchos meses; si lo guardas mal, en pocas semanas puede perder aroma y ponerse rancio. Estos son sus cuatro enemigos y cómo ganarles.
1. La luz
La luz, sobre todo la del sol, acelera la oxidación. Por eso los buenos aceites vienen en vidrio oscuro, lata o caja.
Qué hacer: guárdalo dentro de un mueble, nunca en la ventana ni en un estante a pleno sol.
2. El calor
El error más común: dejar la botella al lado de la cocina. El calor constante lo envejece rápido.
Qué hacer: busca un lugar fresco, idealmente entre 15 y 20 °C. No es necesario refrigerarlo; en el refri se enturbia (vuelve a la normalidad a temperatura ambiente, pero no le aporta nada).
3. El aire
El oxígeno es el que lo oxida. Cada vez que abres la botella entra un poco.
Qué hacer: cierra siempre bien la tapa. Si compras formatos grandes, como los bidones, llena una aceitera oscura pequeña para el uso diario y mantén el bidón cerrado.
4. El tiempo
El aceite no se “pudre”, pero sí pierde frescura con los meses.
Qué hacer: revisa la fecha de consumo preferente, compra el formato que realmente vas a usar y, una vez abierto, intenta consumirlo en uno o dos meses.
Bonus: los olores fuertes
La grasa absorbe aromas. No lo guardes junto a productos de limpieza, cebollas o especias muy intensas.
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